Crianza respetuosa y desarrollo infantil a la luz de la educación en la antigua Roma

Crianza respetuosa y desarrollo infantil a la luz de la educación en la antigua Roma

La crianza respetuosa suele presentarse como un enfoque moderno, ligado a la psicología contemporánea y a las nuevas corrientes educativas. Sin embargo, muchas de sus ideas dialogan, por contraste o coincidencia, con formas de educación que ya existían en la antigüedad. La Roma clásica, con su complejo entramado de valores familiares, patriarcales y cívicos, es un laboratorio histórico privilegiado para reflexionar sobre cómo criamos hoy a los niños.

Analizar la educación romana desde la perspectiva de la crianza respetuosa permite entender mejor el papel de la autoridad, la disciplina y el afecto en el desarrollo infantil. También nos ayuda a detectar qué prácticas del pasado conviene dejar atrás y cuáles pueden inspirar un acompañamiento más consciente, seguro y emocionalmente saludable, sin perder de vista el contexto cultural que dio forma al ciudadano romano.

La infancia en Roma: entre la familia y la ciudad

En la antigua Roma, la infancia no se concebía como una etapa larga y diferenciada, como en la actualidad. El niño era, sobre todo, un futurus civis, un futuro ciudadano. La educación estaba orientada a prepararlo para su función social: servir a la familia, al linaje y, finalmente, a la ciudad.

Esta mirada se estructuraba en torno a tres ejes fundamentales:

  • La autoridad del padre (patria potestas): el padre tenía un poder legal y simbólico casi absoluto sobre los hijos, que incluía decisiones sobre su matrimonio, su patrimonio e incluso, en los primeros tiempos, sobre su vida.
  • El peso del honor familiar: la conducta infantil se leía como un reflejo directo del prestigio o deshonor de la familia. La obediencia y el autocontrol se valoraban por encima de la expresión emocional.
  • La proyección cívica: formar a un buen orador, un buen soldado o un hábil administrador era tan importante como transmitir afecto, cuando este se consideraba necesario.

Si se compara con los principios actuales de la crianza respetuosa —centrada en el bienestar integral del niño, su autonomía progresiva y el respeto a sus ritmos—, el modelo romano parece rígido y jerárquico. Sin embargo, dentro de esa estructura se encontraban también prácticas de cuidado, presencia y acompañamiento que pueden ser leídas de manera renovada.

Vínculos afectivos en la domus romana

La casa romana, la domus, era el espacio donde se tejían los primeros lazos afectivos. Lejos del tópico del padre distante y únicamente severo, numerosas fuentes literarias y epigráficas muestran padres y madres romanos profundamente dolidos por la muerte de sus hijos, orgullosos de sus logros y atentos a su educación.

Algunos elementos a destacar:

  • La figura de la madre: aunque el padre concentraba la autoridad legal, la madre solía ser la principal figura de cuidado en los primeros años. Muchas matronas romanas eran responsables directas de la primera educación moral y de las normas de convivencia doméstica.
  • La nodriza (nutrix): en familias acomodadas, la nodriza era central en la crianza temprana. Su papel era tan relevante que en epitafios y textos literarios aparece mencionada como una figura casi materna, lo que muestra el valor del cuidado cotidiano.
  • El afecto explícito: cartas, poemas y epitafios dan cuenta de diminutivos cariñosos, elogios a la dulzura de los niños y expresiones abiertas de dolor por su pérdida, lo que revela que el vínculo afectivo era profundo, aunque se expresara dentro de una cultura fuertemente jerárquica.

Para la crianza respetuosa contemporánea, estos ejemplos sirven para recordar que incluso en sociedades muy autoritarias, el apego y la conexión emocional son necesidades humanas universales. El reto actual es preservar ese vínculo pero despojándolo de la desigualdad estructural que marcaba la relación adulto-niño en Roma.

Disciplina romana y sus contrastes con la crianza respetuosa

En Roma, la disciplina se entendía como un valor cívico y militar. La palabra disciplina remitía tanto al aprendizaje como a la obediencia. El control del cuerpo y de las emociones se consideraba esencial para la vida pública y la virtud romana (virtus).

Algunos rasgos de la disciplina romana:

  • Castigos físicos y ejemplares: el uso del castigo corporal era socialmente aceptado, especialmente en el ámbito escolar y militar, entendido como una herramienta de corrección más que como una agresión injustificada.
  • Humillación como corrección: la vergüenza pública podía utilizarse para reconducir la conducta. Para un romano, la pérdida de honor era un castigo tan real como el físico.
  • Recompensas ligadas al mérito: se valoraba el esfuerzo, el coraje y la obediencia, y estas cualidades se premiaban con reconocimiento familiar y social.

La crianza respetuosa parte de un paradigma muy distinto. Rechaza el castigo físico y la humillación, y prioriza la disciplina positiva, entendida como guía firme pero empática. En lugar de controlar al niño desde el miedo, busca:

  • Comprender la causa de la conducta.
  • Establecer límites claros sin violencia.
  • Reparar el daño mediante el diálogo y la responsabilidad.

Mirar a Roma desde este enfoque ayuda a poner en perspectiva cuánto ha cambiado la concepción del niño: de sujeto a moldear mediante el castigo a persona con derechos cuyo desarrollo emocional y cognitivo requiere acompañamiento respetuoso.

Educación formal: de la casa al maestro de gramática

En la Roma imperial, la formación infantil avanzaba por etapas que, aunque no coinciden con la escolaridad moderna, pueden compararse de manera orientativa:

Primera infancia: aprendizaje en el hogar

Durante los primeros años, el niño aprendía por imitación y convivencia: lenguaje, rituales religiosos domésticos, normas de urbanidad y jerarquías familiares. El juego, aunque no estaba teorizado como hoy, era una herramienta central: juguetes de arcilla, tabas, pequeñas espadas de madera o muñecas permitían ensayar roles sociales y militares.

Desde la perspectiva actual, esta etapa se acerca a lo que la crianza respetuosa propone: un entorno seguro, rico en estímulos, donde el aprendizaje surge de la exploración acompañada. La diferencia es que en Roma la meta no era la autorrealización individual, sino la adaptación a un modelo social muy definido.

Escuela elemental y maestro (ludi magister)

A partir de los 7 años aproximadamente, muchos niños (sobre todo de familias libres urbanas) acudían a escuelas donde se enseñaba lectura, escritura y cálculo. La relación con el maestro era jerárquica, y el clima de aula podía ser severo, con castigos físicos ante errores o desobediencia.

Al mismo tiempo, algunos testimonios dejan entrever maestros respetados y figuras de referencia intelectual. La exigencia era alta, pero iba acompañada, en ciertos casos, de reconocimiento al esfuerzo y al talento.

Educación superior: retórica y filosofía

Para los varones de élite, la etapa final consistía en el aprendizaje de la retórica, clave para la vida política. Este entrenamiento implicaba debates, discursos ficticios, análisis de casos y una exposición constante ante el grupo. Era una forma temprana de educación en habilidades sociales, persuasión y pensamiento estructurado.

La crianza respetuosa puede encontrar aquí un punto de inspiración: ofrecer a niños y adolescentes espacios de expresión, argumentación y escucha activa, pero sin reproducir el modelo competitivo y excluyente de las élites romanas.

Modelos de autoridad romana y reflexión sobre el poder adulto

El mundo romano se apoyaba en autoridades claras: el padre en la casa, el maestro en la escuela, el magistrado en la ciudad, el general en el ejército. Esta claridad aportaba cierta seguridad estructural, pero también dejaba poco espacio para la voz infantil.

En la crianza respetuosa moderna, se busca un equilibrio: el adulto sigue siendo responsable de la seguridad y de los límites, pero se cuestiona el abuso de poder y se promueve la participación del niño en decisiones apropiadas a su edad. Esto implica:

  • Escuchar activamente lo que el niño siente y piensa.
  • Explicar el porqué de las normas, no solo imponerlas.
  • Aceptar que el niño puede disentir y frustrarse sin ser castigado por ello.

Si se compara con la patria potestas romana, la evolución es radical: de un poder casi absoluto a una relación más horizontal, donde la autoridad se legitima por el cuidado y la coherencia, no solo por la tradición o la ley.

Legado romano, cultura actual y crianza respetuosa

El legado romano no se limita a las leyes, las carreteras o los monumentos. Muchas ideas sobre disciplina, trabajo, honor y éxito siguen influyendo, de forma a veces inconsciente, en la manera en que educamos. Expresiones como “mano dura”, “disciplina férrea” o la preocupación excesiva por las notas y el rendimiento pueden rastrearse hasta modelos educativos antiguos donde el valor personal se medía por la obediencia y la productividad.

Por eso, al explorar recursos contemporáneos sobre desarrollo infantil y acompañamiento respetuoso, es útil hacerlo con conciencia histórica. Sitios especializados como https://bieneducados.com ofrecen herramientas basadas en la psicología actual, el apego seguro y la neurociencia, que contrastan fuertemente con la visión jerárquica del mundo romano, pero que pueden dialogar con ella para enriquecer nuestra comprensión de la infancia.

Mirar al pasado ayuda a tomar distancia de ciertas inercias culturales: si entendemos que muchos hábitos educativos proceden de estructuras antiguas pensadas para formar soldados, oradores o ciudadanos sumisos, resulta más fácil cuestionar lo que no encaja con una visión de la infancia como etapa de protección, juego y desarrollo integral.

Aprendizajes prácticos para familias de hoy

La comparación entre crianza respetuosa y educación romana no es un juego erudito, sino una herramienta para ajustar nuestra práctica cotidiana. Algunos aprendizajes que pueden extraerse son:

1. El valor del ejemplo sobre la imposición

Los romanos sabían que los niños aprendían observando. Los grandes autores morales insistían en que el padre debía ser modelo de virtud, no solo juez. En la crianza respetuosa, este principio se refuerza: un adulto que regula sus emociones, reconoce sus errores y trata con respeto es más influyente que cien discursos sobre el buen comportamiento.

2. La importancia del relato y la memoria

Roma construyó su identidad a través de historias: leyendas de héroes, episodios ejemplares de valentía o traición, biografías de grandes hombres. Esas narraciones moldeaban la imaginación de los niños. Hoy podemos usar cuentos, mitos e historias —romanas o modernas— para trabajar valores como la empatía, la cooperación o el respeto a la diferencia, pero evitando glorificar únicamente la guerra o la dominación.

3. La necesidad de límites claros, pero humanizados

Ni la Roma antigua ni la crianza respetuosa apuestan por la ausencia total de normas. Lo que cambia es el cómo y el para qué. Mientras el modelo romano priorizaba la obediencia ciega, la crianza respetuosa busca que el niño entienda el sentido del límite y lo interiorice como protección y cuidado, no como arbitrariedad. Un límite claro, explicado con calma y sostenido con firmeza, ofrece tanta seguridad como las rígidas reglas de la antigüedad, pero con menos miedo.

4. Revalorizar el juego frente al rendimiento

En una cultura que exaltaba el esfuerzo y la gloria, el juego infantil era tolerado, pero no conceptualizado como pilar del desarrollo. La investigación actual en desarrollo infantil muestra que el juego libre favorece la creatividad, la regulación emocional y las habilidades sociales. Integrar esta evidencia en contextos que valoran mucho el rendimiento académico —como también lo hacía Roma en sus élites— es clave para equilibrar expectativas y bienestar.

5. Pensar la familia como comunidad de aprendizaje

La familia romana funcionaba como una pequeña comunidad productiva, religiosa y educativa. En la crianza respetuosa, la familia puede reimaginarse como comunidad de aprendizaje donde todos —adultos y niños— evolucionan. Esto implica que el adulto no se ve solo como transmisor de normas, sino como acompañante que también se cuestiona, se informa y se transforma.

Desarrollo infantil y mirada histórica: un diálogo necesario

Comprender el desarrollo infantil hoy exige recurrir a la ciencia, pero también a la historia. Roma ofrece un espejo lejano donde se reflejan nuestros dilemas actuales: autoridad y afecto, disciplina y libertad, exigencia y cuidado. La crianza respetuosa no pretende borrar el pasado, sino aprender de él para construir relaciones más dignas, equitativas y conscientes con la infancia.

Al situar la educación romana junto a los conocimientos contemporáneos sobre apego, regulación emocional y neurodesarrollo, se hace evidente un cambio de paradigma: de niños vistos como recursos al servicio de la familia o del Estado, a niños reconocidos como personas con voz, necesidades propias y derecho a un entorno seguro. Explorar este contraste enriquece tanto el estudio del Imperio romano como la práctica cotidiana de madres, padres y educadores de hoy.

Alfabeto y abecedario romano

En este artículo revisamos, de la mano de los mejores expertos en la materia, el alfabeto y el abecedario romano. Sigue leyendo para conocer el alfabeto y el abecedario romano, sus características principales y todos los datos interesantes que debes conocer al respecto.

El abecedario y el alfabeto romano: historia y claves

El alfabeto latino o romano es el sistema de escritura más utilizado en el mundo en la actualidad. Según los expertos, más de 4500 personas en el mundo lo utilizan. Se usa en la mayoría de idiomas de la Unión Europea, pero también en América, en algunas zonas de África y en las islas del Pacífico.

De esta forma, en la actualidad, el término alfabeto y abecedario romano o latino se utiliza para todo tipo de derivaciones directas del alfabeto utilizadas por los romanos. Estas variantes pueden usar más o menos letras, como por ejemplo en el caso del italiano o del español, en comparación con el alfabeto romano más clásico.

De hecho, muchas letras han ido cambiando con el paso de los siglos, como por ejemplo las letras minúsculas, que se desarrollaron en la edad media y que no se utilizaban en el alfabeto y abecedario romano clásico.

Como nos han explicado los expertos en abecedarios de InfoAlfabetos.com, las primeras claves del alfabeto y abecedario romano podemos encontrarlas en el alfabeto romano arcaico entre los siglos VIII y VII antes de Cristo, derivado probablemente del alfabeto etrusco. A continuación encontramos el período del alfabeto romano clásico, en el que se introducirían letras como la G, la Y y la Z. De hecho, los nombres latinos de algunas letras aún continúan siendo especialmente discutidos en la actualidad. Por ejemplo, se cree que la H tenía otro nombre en el latín hablado.

En la Edad Media se añadieron la J, la U y la W. La J representaba la I no silábica, mientras que la U y la W se añadieron para diferenciarlas de la V. Además, el alfabeto que usaban los romanos solamente tenía letras mayúsculas, mientras que las minúsculas se fueron desarrollando con la grafía cursiva, en la Edad Media, primero en forma de escritura uncial y más tarde como escritura minúscula. Las clásicas letras romanas se reservaron a las inscripciones normales o para aportar énfasis a diferentes documentos escritos.

En la actualidad, las lenguas que usan el alfabeto y el abecedario romano utilizan letras mayúsculas para empezar las frases y los párrafos y para los nombres propios. Las normas de las mayúsculas van cambiando con el tiempo y son diferentes en distintos idiomas. Del mismo modo, por contra a lo que sucede con el español, en idiomas como el inglés se utilizan las mayúsculas iniciales para lenguas, meses, nacionalidades, etc. En alemán moderno se incluyen las mayúsculas en los sustantivos, mientras que en el polaco se introducen para los pronombres.

De esta forma, el alfabeto romano empezó a expandirse desde Italia con la lengua latina, hasta las tierras de alrededor del mar Mediterráneo, junto con la extensión del imperio romano. Mientras en la parte este del imperio romano se siguió usando la lengua griega, el alfabeto y abecedario romanos también empezaron a usarse y se fueron desarrollando las lenguas romances que adaptaron y usaron para ello el alfabeto y el abecedario romanos.

Después, con la expansión del cristianismo, este alfabeto se extendió también a los pueblos del norte de Europa en el que se hablaban las lenguas germánicas, cambiando sus alfabetos rúnicos, así como a las lenguas bálticas y a las no indoeuropeas, como el estonio o el húngaro. En la Edad Media, el alfabeto romano se extendió también entre los hablantes de lenguas eslavas en occidente.

Del mismo modo, hasta el 1492 el alfabeto romano se limitaba a las lenguas habladas en Europa occidental, central y del Norte, mientras se continuaban usando el alfabeto griego y el cirílico. El árabe se extendió en el Islam, entre naciones árabes y naciones no árabes. En Asia se usaba también la escritura china y el alfabeto brahmi. Durante los últimos 500 años, el alfabeto latino se ha extendido por todo el mundo: hasta América, Asia, Australia, África y el Pacífico.

De esta manera, si queremos hacernos una idea general del primer alfabeto romano debemos saber que se componía de 21 letras, en concreto de la A, B, C, D, E, F, Z, H, I, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, V, X. Letras como la G surgieron más tarde, ya que al principio su sonido se representaba también con la C. Son parecidas porque a la C se le incluyó una raya horizontal para diferenciarlas. Las letras K, Z e Y se tomaron del alfabeto griego, antes existió una Z diferente en este alfabeto que terminó por desaparecer. La U, la J y la W derivan de la I y de la V y, como ya indicábamos más arriba, aparecieron en la edad media. Desde este momento el alfabeto romano se conforma por 26 letras, aunque algunos idiomas como el italiano eliminan algunas de ellas, y otros como el español añaden otras.

Cabe reseñar de nuevo que en sus inicios el alfabeto y el abecedario romano no incluía las minúsculas. Se trata de una representación de las letras que aparecería más tarde, con la finalidad de poder escribir completamente las letras sin levantar la mano al hacerlo, siendo por este motivo más redondas las minúsculas.

Origen de los nombres en la Antigua Roma

Buena parte de los nombres que disfrutamos hoy en día viene de la antigua roma.

Para que te hagas a la idea, un nombre romano está formado por tres partes.

Nombre de pila: praenomen

Apellido de linaje: nomen

Nombre de la familia dentro de las gens: Cognomen

El praenomen

Como nos indican desde Nombres10.Top, portal especializado en nombres, los praenomina eran pocos. Se calcula que la cifra era solo ligeramente superio r a 20, de aquí que muchos se repitiesen muchas veces. Para hacerlos a la idea, los más comunes son Tiberio, Tito, Publio, Marco, Cayo… entre otros muchos.

Lo común era que de la lista de praenomen, el padre pusiese uno a su hijo en su noveno día de vida. Esto se conocía como “diez lustricus”.

Teniendo en cuenta esto, podemos ver como Lucio se traduce como “nacido de día”. Manio se traduce como “nacido en la mañana”. A partir de aquí se ponía a los hijos, quinto, sexto, décimo dependiendo la sucesión en la familia que ocupase.

No hay que olvidar que los esclavos, amigos y niños se tenían que dirigir al padre bajo su praenomen.

El Nomen

Por regla general siempre acaba en -ius. Este sufijo viene dado de las familias patricias y perteneció en la historia romana. Esto se daba si el ciudadano era plebeyo o patricio romano.

Otro dato a tener en cuenta es que las mujeres recibirán el nombre de la gens familiar. Como esto era un lío a la hora de diferenciar de una mujer a otra, se le añadían números ordinales para diferenciarse de unas a otras.

El Cognomen

Destaca por ser el tercer nombre que tenían los ciudadanos romanos. El objetivo del Cognomen era el de conseguir diferenciar a las diferentes familias dentro de una estirpe en concreto.

El cognomen siempre hacía referencia a un detalle físico como pelirrojo “Rufo”, Bizco “Estrabón”, Velludo “Cesar” … gracias a esto se podía diferenciar más de una persona a otra. Por supuesto, también se usaba para diferenciar por las batallas ganadas. Por ejemplo, si alguien conseguía ganar en África, se le conocía bajo el africano.

Curiosidades de los nombres romanos

Dentro del día a día, era muy común ver como primero se usaba el praenomen y luego el cognomen.

En el caso de que un romano fuese adoptado por otra familia, algo que en muchas ocasiones sucedía, perdía su nombre y pasaba a tener el nombre de la familia que lo adoptaba. A este nombre se le añadía el cognomen seguido del sufijo -anus. Un caso sencillo lo podemos ver en Cayo Julio César Octavianus. Aunque este personaje histórico también lo podemos conocer como Imperial de Augusto.

Historia del peinado en la Roma Imperial

Por sorprendente que te parezca si no conocías ningún dato al respecto la historia de los peinados en la Roma imperial es bastante curiosa pues mientras la moda de ropa fue parecida durante mucho tiempo la historia del peinado y las principales tendencias fueron variando. Te presentamos la importancia del peinado en la Roma imperial.

La historia del peinado en la Roma imperial

En el período de la Roma imperial las mujeres importantes de la realeza y las emperatrices fueron las encargadas de marcas las tendencias y crear diferentes estilos y modas con sus peinados que imitarían las mujeres de Roma.

En los primeros tiempos en los que las mujeres empezaron a cuidarse el pelo lo arreglaban de forma sencilla. Los peinados destacaban por su simplicidad, como por ejemplo el peinado de moño con la raya en el medio durante el período republicano. Más tarde, con la llegada de la Roma imperial se harían famosos los postizos y las trenzas que se cruzaban encima de la frente. Las jóvenes por su parte eran más prácticas para poder realizar muchas tareas y se recogían el pelo en un moño encima de la nuca con una cola de caballo o con trenzas.

Durante la época imperial las emperatrices fueron las principales encargadas de marcar tendencia, así como también otras mujeres de la familia real. Más tarde otras aristócratas imitarían sus estilos, que sin duda eran un signo destacado de distinción social entre los diferentes romanos. Con la época flavia los peinados se hacen mucho más abultados y los rizos más grandes y marcados. Las esposas llevaban un peinado de seis trenzas como las sacerdotisas y las vestales y en cuanto a color los negros y los rojos eran los que más triunfaban ya que el tinte rubio llegaría más tarde.

Algunas mujeres que no podían teñir su cabello por ser demasiado débil empezarían a usar pelucas negras de la India y rubias de Germania. Durante el esplendor de la época flavia, el peinado se abulta y los rizos también se hacen más grandes (fuente: peloperfecto.top).

En cuanto a los tipos de peinados sin duda el más antiguo es el Octavia. Esta mujer, hermana del primer emperador de Roma fue realmente valorada por representar las virtudes de la mujer y su peinado tocado muy sencillo se basaba en un copete en la frente y una trenza en la nuca que se recogía de manera semicircular en un moño. Se dejaban dos mechones a los lados y el resto de pelo se pegaba al cráneo.

Otro de los peinados más famosos fue el de la hija de Octavia, el «Antonia». Era un peinado muy clásico que tomaban como modelo los peinados griegos con un moño frontal peinado con raya en el medio y el cabello partido en dos partes gruesas. El moño de detrás en forma semicircular bajaba hasta la base del cráneo.

La esposa de Augusto, emperatriz Livia también contó con su peinado clásico que se impuso en la moda de Roma. Se basó en un moño en la nuca y los laterales y la frente ondeados hacia adentro. Se denominó peinado de nudo porque se colocaba un rulo en la frente como un tupé, que más tarde desaparecería.

En la época Flavia hubo muchísimos peinados, pero además de los mentados anteriormente sin duda otro de los más famosos fue el peinado de «nido de abejas». Este peinado lo hizo famoso la hija del emperador Tito, Julia.

Se trataban de un peinado con trenzas y algo parecido a un tupé que estaba elaborado con rizos. Era muy costoso de hacer y muy caro y los rizos abultaban en la frente pareciendo un casco mientras se recogía lo que quedaba de pelo detrás en un moño. Este tipo de peinado simbolizaba una buena posición social.

Gobierno del Imperio Romano

El senado Romano

Roma logró transformarse de un pequeño asentamiento fundado por Rómulo sobre la colina del Palatino a la ciudad más floreciente de la edad antigua capital del Imperio más poderoso y extenso jamás conocido.

Para entender cómo fue posible esta evolución y cómo se logró manejar el vasto territorio que alcanzó su máximo durante el siglo de oro del Imperio Romano, es necesario conocer cuáles eran los funcionarios que componían el gobierno del país, como se repartía el poder y cuáles eran las responsabilidades de cada cargo. leer más «Gobierno del Imperio Romano»

Moneda del Imperio Romano

Monedas de Bronce de Roma

Las primeras monedas romanas fueron producidas a finales del siglo 4 antes de cristo en Italia y continuaron usándose durante otros 8 siglos por todo el Imperio. La denominación y el valor cambiaban constantemente pero algunos tipos de moneda como el Sestercio o el Denario persistieron durante mucho tiempo convirtiéndose en una de las monedas más famosas de la historia.

La moneda romana reprsesentaba y garantizaba un reconocible valor que permitía conseguir productos a cambio de ella. Esto permitía comerciar, trabajar a cambio de monedas y algo que es más importante, la moneda permite realizar pagos idénticos y de gran valor para hacer posible una nueva escala de comercio. Las monedas además estaban marcadas con iconos representativos de los Emperadores con lo que se conseguía transmitir la grandeza del Emperador. Vamos a resumir aquí las principales monedas empleadas durante la República y el Imperio. leer más «Moneda del Imperio Romano»

Cristianismo en el Imperio Romano

Cristianismo en Roma

El cristianismo nació en la época del Imperio Romano cuya religión oficial por aquel entonces era politeísta. En sus primeros años, los cristianos eran perseguidos como criminales puesto que profesaban una religión contraria a la oficial.

A pesar de que el Cristianismo fuera en contra de la propia ley romana, el número de seguidores crecía día tras día, los Crisitianos estaban siempre tratando de adquirir nuevos seguidores. Aunque algunos de los seguidores eran ricos, la mayoría de ellos eran de la clase media-baja debido a la doctrina de igualdad que profesa el Cristianismo.

En el año 313 d.C. el Emperador Constantino el Grande se convirtió al Cristianismo y legalizó el culto Cristiano. Posteriormente durante la época de Teodosio el Grande, el cristianismo se convirtió en religión oficial de Roma. Incluso tras la desaparición del Imperio Romano de Occidente, toda Europa estaba convertida al Cristianismo. leer más «Cristianismo en el Imperio Romano»

Provincias del Imperio Romano

Imperio Romano

Las provincias romanas eran unidades territoriales y administrativas del Imperio Romano. Los gobernadores de las provincias eran los máximos mandatarios en ellas y solían ser antiguos cónsules que se habían retirado de Roma. Pretores y prefectos también podían optar a ser gobernador de provincia. Las provincias permitían mejorar la eficacia de control del Imperio sobre sus territorios y con sus impuestos generaban riqueza para Roma.

Las provincias fueron cambiando a lo largo de los años, en el periodo final del Imperio Romano de Occidente, las provincias se dividieron en unidades administrativas aún más pequeñas. leer más «Provincias del Imperio Romano»

Imperio Romano en España

Teatro Romano de Cartagena

La península ibérica ha sido un territorio clave en el desarrollo del Imperio Romano. Los primeros homínidos llegaron a la actual España hace 1.200.000 años, con el tiempo, distintos pueblos han ocupado este territorio entre ellos destacamos: los íberos, los celtas, los fenicios, los cartagineses, los griegos, los romanos, los visigodos y los musulmanes.

En esta artículo vamos a ver quien estuvo en España antes de los Romanos, cómo se produjo la romanización de la Península Ibérica y quién la ocupó cuando el imperio Romano cayó. leer más «Imperio Romano en España»

Resumen Imperio Romano

Imperio Romano

El Imperio Romano es el periodo comprendido entre la proclamación de César Augusto como Emperador Romano en el año 27 a.C. hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C.

Sin embargo, en muchas ocasiones se denomina Imperio Romano a un periodo mucho más largo, que va desde la fundación de Roma en el año 753 a.C. hasta el año 1453 d.C. fecha en la cual se produce la caída del Imperio Romano de Oriente. leer más «Resumen Imperio Romano»

¿Sabías que?

Imperio Romano

Muchas son las preguntas comunes que tienen nuestros usuarios a cerca del nacimiento, caída y etapas del imperio romano, aquí se recogen algunas de las dudas más habituales, respondidas de una manera clara y concisa. leer más «¿Sabías que?»